dijous, 20 de desembre de 2012

Conte


En el principio de los tiempos los hombres utilizaban armas de piedra, que se quebraban con facilidad; pasados los siglos las sustituyeron por utensilios de hierro, que si bien eran mucho menos resquebrajadizos, presentaban la desventaja de oxidarse rápidamente. Y entonces a un herrero se le ocurrió la feliz idea de crear una aleación de metales que llamó acero. Pero el acero, para llegar a serlo, debe pasar por las pruebas de los elementos: primero por el fuego para fundirse, acto seguido por el agua y por el aire, para endurecerse, y finalmente por la piedra para forjarse. Y por fin se convierte en espada de acero, las más resistente de las armas.
- Y supongo - dije yo, irónica - que la moraleja de la historia es que una sólo se hace fuerte después de superar todo tipo de pruebas.
- Fuerte no. Fuertes lo eran ya la piedra y el hierro - afirmó ella categórica -. Flexible. Ahí radica la diferencia. No puedes sobrevivir si no lo eres.
Beatriz y los cuerpos celestes, Lucía Etxebarría


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